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martes, 22 de enero de 2013

Viaje inexplicable: El abismo del alma


Ni me explico penas sin sentidos,
Ni el paso de los años perdidos,
La pena ha congelado mis lágrimas de antaños.
Al igual que un vestido intenta ocultar pudores prohibidos,
Que en una armadura sin cerradura volviéronse ermitaños.

Años soñados ¡oh! cómo deseo volver a ellos... ¡Atad!:
Nostalgias, recuerdos y sonrisas enclaustradas
Dentro de un piano de sedáceas tonadas
Que regalaste a mí: ¡Querida soledad!.
Mas ahora no he de llorar sobre el pañuelo de nuestra amistad.

El tiempo se detiene, congélase todo movimiento
Ante el paisaje de mustias flores y arrollos secos,
Sobre ellos se impone un gran velo aterciopelado,
Recibiendo la templanza bajo la luna blanca,
He de contemplar mi propia oscuridad en mi lado.

Escucho una voz que dista de elegancia,
Desorientado cojo una daga, y le enfrento con arrogancia.
Le he desgarrado, mas mi rojo interior galopó a presión
Y tiñó todo en silencio; en notas muertas sin pasión,
Y borró aquellos recuerdos hambrientos de fragancia.

Palomas blancas resurgen esparciendo lirios,
Mientras los cuervos caen a tropel,
Miro mis manos: ¡Ya no hay manchas!, ni euforia, ni delirios,
mas no he de celebrar; sino con cautela pensar sobre el
Siguiente paso que daré en este ajedrez de martirios.


¡Para aquél que desafíe al abismo del alma
Muerte infeliz o destruida será su calma!.






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